Una amiga decía que hacer rayas y curvas y puntos con tinta en un papel y mandarlo a un lugar lejano y que alguien al verlo se conmueva, se informe, se entristezca, se alegre… ¿no es mágico?

Pues este regalo que llega a ti (¡además por vía electrónica!) es mágico…

Hace unos años Adela Delós me mandó un pasaje para el viaje más emocionante, emotivo y fascinante de mi vida. Un viaje a la Cochabamba, de los años 30 (sobre todo 1934 y 1935), en el que reviví momentos de unas niñas y un niño que comentaban por carta el día a día de sus vidas, sus visitas, sus necesidades de zapatos, papel de cartas, libros, chompas y raquetas. Unas tías y primas que transmitían su cariño o sus preocupaciones políticas.

El destinatario de esas cartas era Luis Calvo Calvimontes y los autores, Juanita, Lucho, Ana María y Marcela (¡Marcelita era muy pequeña!), los tíos y primas; Juana, Rita, Lilí, Catalina, Juana, Carlos, Javier, Georgette, Cristina…

No quiero adelantar nada; tod@s tienen el derecho de hacer este viaje con sus propias referencias, equipaje y sensibilidades. Pero sí quiero explicar por qué la dirección de esta página es “Familia Soux Calvo”, cuando lo esperado hubiera sido “Calvo Soux”.

Hay un personaje a quien ni se nombra pero cuya presencia se siente a lo largo de la lectura de las cartas. Se trata de una mujer invisible, de la que sabemos muy poco aparte de su triste “enfermedad” que avergonzó a su entorno: Anita Soux Hernández. Hasta el hecho de su muerte es prácticamente invisible.

En esta familia en que tanto se valoraba y valora a los grandes hombres, mujeres con gran carácter, personas emprendedoras, aventureras, intelectuales, quiero que esta página sea un homenaje a esa mujer de la que me encantaría tener cartas como las recopiladas aquí.

Me gustaría poder rescatarla y hacerle llegar la compasión y el cariño de tantos descendientes (sumamos ya muchísimos) y decirle que echamos de menos saber más sobre ella, sus sueños, sus alegrías, sus tristezas, su soledad. Aunque sea con la imaginación, aprovechemos este viaje para darle cariño y apoyo a esta sensible, frágil y seguramente triste mujer. No sé por qué pienso que en otro contexto, probablemente hubiera sido una artista y en cierta manera lo fue.

Hay que agradecer a Concha Barral por el cuidadísimo e impecable trabajo realizado y por sus comentarios sobre personajes a los que ha llegado a conocer y hasta encariñarse. ¡Gracias, amiga!

Y por supuesto, ¡Gracias, Adela! Por haber custodiado estos impresionantes documentos durante tantos años. Realmente eres parte de esta familia y muy querida por todos los que te conocemos.

También ¡Gracias, Marcela Balguerías! Que en la época de más lío del año ha escaneado unas fotos y enviado documentos sin ni siquiera saber para qué era. ¡La sorpresa es importante!

Bueno… Feliz 2017 a todos y espero que a partir de este trabajo surjan nuevos/viejos lazos y podamos explorar más sobre nuestro pasado común.

Y ya solo queda emprender el viaje ¿Estamos cómodos? ¿Con calma? ¿Con tiempo?

Va TODO mi cariño,
Ana Etchenique Calvo

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Quién no conozca a Ana Etchenique no entenderá bien como nació este espacio. Los que la queremos sabemos que es difícil de explicar… Apareció en mi casa, acelerada, agobiada… arrastraba una especie de vieja cartera azulona. De allí asomaron bolsas de plástico para congelados que guardaban las cartas. Las cartas eran unos papeles amarillentos o grisáceos, la mayoría con la tinta descolorida y guardados con primor. Ana y el primor no son sinónimos. Entre gritos de felicidad entendí que eso era un tesoro y que necesitaba que se salvaran digitalmente para ser un precioso regalo de Navidad para la extensa familia de Ana. Escanear las cartas no era una tarea sencilla, había que calibrar los colores, rescatar los trocitos perdidos, fecharlas, darles una firma… a veces juntar las piezas del puzle porque en una época donde el papel era escaso, las niñas del internado aprovechaban todos los espacios libres para escribir, incluso cruzando párrafos en vertical con los escritos en horizontal. Le dimos nombre al tipo de trabajo: Fijar el deterioro. Tendrá que leer las cartas como ellos lo hicieron, girando la cabeza o descifrando los garabatos infantiles. Y, claro, me encariñé con todos. Conozco su caligrafía, he visto como avanzaban en lecto-escritura. He pasado por sus lutos, por sus súplicas, por su madurez temprana.
El regalo fue creciendo y creciendo. Se encontraron fotos, se contactó con lejanos parientes, empezamos el árbol genealógico, la finca de Cayara nos abrió sus puertas… se hizo enorme. Contratamos a Aitor Méndez para que diseñara la página web. De enviar unos documentos por correo ya habíamos llegado a una base de datos, una cronología, fichas enlazables… Aitor nos ha tenido que poner firmes y pedir que paráramos de una vez. Creo que ya sabe que Ana es imparable.
Concha Barral